{"id":56,"date":"2016-01-12T20:55:56","date_gmt":"2016-01-12T20:55:56","guid":{"rendered":"http:\/\/vicentepuchol.com\/blog\/?p=56"},"modified":"2016-01-13T09:45:31","modified_gmt":"2016-01-13T09:45:31","slug":"las-manos-de-valery-gergiev","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vicentepuchol.com\/blog\/?p=56","title":{"rendered":"Las Manos de Valery Gergiev"},"content":{"rendered":"<p>En el escenario aguarda la orquesta, apagada, en silencio. Una penumbra se extiende sobre ella, como si hubiese quedado abandonada. En el auditorio, cunde el silencio y, a medida que transcurre el tiempo, se hace m\u00e1s denso. Durante un lapso breve, parece que se ha paralizado la vida, y el mecanismo del tiempo se hubiese roto. La espera, aguardando al director de la orquesta, aprisiona a los espectadores, les impide hablar entre s\u00ed, con la mirada puesta en el escenario penumbroso. Una inmovilidad parece haberse apoderado de todo, de los m\u00fasicos, de los asistentes, de los acomodadores, quietos como estatuas.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-57\" src=\"http:\/\/vicentepuchol.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/manosOrquesta.jpg\" alt=\"LAS MANOS DE VALERY GERGIEV por Vicente Puchol\" width=\"600\" height=\"422\" srcset=\"http:\/\/vicentepuchol.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/manosOrquesta.jpg 600w, http:\/\/vicentepuchol.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2016\/01\/manosOrquesta-300x211.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/p>\n<p>Guillermo Mart\u00ednez siente un suave malestar que le induce a desabrocharse el bot\u00f3n de la camisa, a pesar del nudo de la corbata. \u00a0Mientras aguarda, como el resto del p\u00fablico, la aparici\u00f3n de Valery Gergiev, el director de orquesta, tiene la impresi\u00f3n de que, en su lugar, va a aparecer otra persona, disculp\u00e1ndose en su nombre. La tardanza en salir a escena de Valery Gergiev le hubiera resultado por completo inexplicable, si no hubiese apreciado que el silencio se hac\u00eda m\u00e1s denso y profundo.<\/p>\n<p>Por fin, surge Valery Gergiev. No es alto, tiene un fino bigote, y sortea a los m\u00fasicos, hasta colocarse frente a ellos. No hay p\u00f3dium, ni el director lleva batuta. Ante los aplausos del p\u00fablico se vuelve y hace una ligera inclinaci\u00f3n de cabeza. Luego, a pesar de que los aplausos no disminuyen, se gira hacia la orquesta y\u00a0 recorre con la mirada a los m\u00fasicos, mientras oye los aplausos con indiferencia. Luego, baja los brazos, entrelaza las manos e inclina la cabeza, esperando que, de nuevo, se haga el silencio que penetra al salir a escena. El p\u00fablico parece comprenderlo, porque el silencio, en poco tiempo, recobra su pasada intensidad. Valery Gergiev parece m\u00e1s que escucharlo, medirlo. Y Guillermo Mart\u00ednez se abrocha el bot\u00f3n de la camisa y se endereza la corbata, por respeto, a pesar de que Gergiev no lleva, si siquiera un lazo. Un silencio pesado, como un bloque de piedra se encaja en el auditorio.<\/p>\n<p>Entonces, Valery Gergiev abre los brazos y muestra las palmas de las manos, destinadas a gobernar la orquesta. A Guilermo Mart\u00ednez le parece que el p\u00fablico contiene la respiraci\u00f3n. Y, de repente, el director extiende el brazo derecho con los dedos de la mano separados y, con uno de ellos, se\u00f1ala a las trompas, que inician la sinfon\u00eda pausadamente. Inmediatamente, el pulgar y el \u00edndice apuntan a los instrumentos de madera, que replican a las trompas, modificando su melod\u00eda, y la mano izquierda vuela sobre los violines, las violas, los chelos, los contrabajos, elevando su tono con bruscos movimientos de la mano, mientras la derecha repasa toda la zona de madera, y los fagotes, clarinetes, oboes, cada uno por su lado, entonan un canto que se entrelaza y sube de tono, hasta caer bruscamente, ante un ataque de toda la cuerda. Ahora, las manos de Valery Gergiev vuelan de un lado a otro, con los dedos separados y tensos, apuntando sin cesar los diversos instrumentos. Guillermo Mart\u00ednez sigue hipnotizado con el vuelo de las manos de Valery Gergiev. Le recuerdan las que pintaba El Greco, a punto de iniciar el vuelo. Ahora, vuelan sobre toda la orquesta, deteni\u00e9ndose moment\u00e1neamente, y remontando su vuelo incesante, de un lado para otro, mientras los dedos apuntan sin descanso los instrumentos. Percibe que los dedos me\u00f1iques casi siempre se dirigen a los contrabajos, y los \u00edndices al metal, pero tiene que rectificar: ahora son los corazones los que se enfrentaban al metal, y los anulares a la madera. De pronto, Valery Gergiev se enfrenta al primer chelo, y una especie de mondadientes surge de entre sus dedos y se clava en la panza del chelo, mientras el chelista se esfuerza en tocar, solitario, una melod\u00eda que aspira a lo\u00a0 m\u00e1s alto, en vano, pues es un clarinete quien usurpa su ascensi\u00f3n, elevando sus notas, cada vez m\u00e1s delgadas y suaves, como si quisiese remontarse al mism\u00edsimo cielo. Son las manos del director las que interrumpen su aspiraci\u00f3n, aproxim\u00e1ndose, hasta apagar las notas del clarinete. De pronto, los brazos del director comienzan una rotaci\u00f3n incesante, impulsando a toda la orquesta en un crescendo atronador, y las manos rotan, incitantes, vigilando los instrumentos que se entregan a una org\u00eda creciente, exasperante, dentro del estallido de la orquesta, hasta que las cuerdas de los violines estan a punto de saltar, y los carrillos de los m\u00fasicos de explotar. Velerty Gergiev se detiene en seco, y la orquesta enmudece, como si hubiese sido derrotada.<\/p>\n<p>Vicente Puchol<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el escenario aguarda la orquesta, apagada, en silencio. Una penumbra se extiende sobre ella, como si hubiese quedado abandonada. En el auditorio, cunde el silencio y, a medida que transcurre el tiempo, se hace m\u00e1s denso. Durante un lapso breve, parece que se ha paralizado la vida, y el mecanismo del tiempo se hubiese &hellip; <a href=\"http:\/\/vicentepuchol.com\/blog\/?p=56\" class=\"more-link\">Seguir leyendo <span class=\"screen-reader-text\">Las Manos de Valery Gergiev<\/span> <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[17,15,18,16,19,14],"class_list":["post-56","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria","tag-director","tag-manos","tag-musica","tag-orquesta","tag-relato","tag-valery-gergiev"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/vicentepuchol.com\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/56","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/vicentepuchol.com\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/vicentepuchol.com\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vicentepuchol.com\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vicentepuchol.com\/blog\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=56"}],"version-history":[{"count":5,"href":"http:\/\/vicentepuchol.com\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/56\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":74,"href":"http:\/\/vicentepuchol.com\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/56\/revisions\/74"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/vicentepuchol.com\/blog\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=56"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/vicentepuchol.com\/blog\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=56"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/vicentepuchol.com\/blog\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=56"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}